martes, 26 de febrero de 2019

DESDE LA FINCA Por: El Cortador



Fin de la cosecha y luna llena.- Esta semana la finca se ha iluminado por las noches más que de costumbre. Es la luna llena de febrero que extiende su luz sobre las lomas y laderas, lo que convierte el paisaje en algo sublime. El cielo despejado deja ver el firmamento estrellado que en el campo se aprecia de manera extraordinaria. Las fincas iluminadas con luz plateada brillan con una claridad deslumbrante. El viejo campesino curtido por el tiempo y el trabajo, por alguna razón no concilia el sueño y decide salir a contemplar este espectáculo de sombras abstractas. En el campo la gente se duerme temprano porque va más con la naturaleza. Sin embargo hay ocasiones en que los campesinos aprovechan las noches claras para salir a “tlapevear”, es decir, salir a cazar por la noche algunos de los animales que todavía abundan por cañadas y barrancas. Justamente ve venir de regreso a uno de los compas que se regresó porque se torció un tobillo y para correr en los angostos caminos de la barranca se necesita estar al cien. Al ver al viejo estudioso de las estrellas y analista del universo en franca contemplación, se le acerca y le pregunta: “¿Qué te pasa abuelo, te sientes mal, estás enfermo?... A lo que el circunspecto, meditabundo y contemplativo anciano, con un dejo de melancolía y cierto gesto de tristeza, aunque tarda pero con voz entrecortada le responde: “Nada Mateo, nada. Solo que no podía dormir y salí un momento. Hay pensamientos que me tienen invadido y situaciones que me tiene preocupado”. El rengo compa, baja su morral y su rifle, se sienta al lado del viejo sabio y le insiste que le cuente las situaciones que lo acongojan. A lo que el modorro filósofo de los cafetales, se da la oportunidad de explayarse en una profunda reflexión: “Mira Mateo… ando preocupao. Ya se está acabando la cosecha. Ya queda apoco café en las fincas y no tardando se habrá terminado esta temporada de vacas gordas. Pero no es eso lo que me preocupa. He vivido muchas cosechas buenas y malas. Son ciclos agrícolas con los que hemos aprendido a convivir. Lo que me preocupa es que cada vez hay menos fincas como esta que todavía, por el cuidado que le damos, da mucha producción. En otros lados, los cafetales fueron atacados por la roya y dieron muy poco este año. En sí, la producción general de café en la zona fue baja. Algunos dueños de fincas están optando por un cambio de cultivo. ¿Qué va a pasar con esta zona cafetalera, otrora la mejor del país? El precio está bajo, la producción es cada vez menor, no hay apoyos del gobierno y los precios andan bajos.”  Mateo enciende un cigarro y trata de cambiarle el ánimo al viejo señalando la brillante y gigantesca luna llena: “Es la superluna luna de nieve Abuelo”. A lo que el viejo astrónomo pragmático, al verse interrumpido en su seria elucubración, le responde encabronado: “Esas son “gringaderas” Mateo. ‘Luna de nieve’ es el nombre que le pusieron algunas tribus nativas norteamericanas, pues tenían un nombre para cada luna llena del año, a la luna llena de febrero porque este es el mes en el que suelen caer las nevadas más fuertes en el hemisferio norte. Si la Luna alcanza la fase de luna llena cuando se encuentra en pleno perigeo, se ve hasta un 14% más grande, más llena y más brillante que una luna llena normal. Pero eso es otra cosa Mateo, nos deben preocupar los putos caloronoes que están haciendo en pleno invierno, consecuencia del cambio climático. No ves que estamos acabando con el bosque de niebla”. El amigo iba a decir algo, pero el viejo intelectual de campo, emprendió su retiro al interior de su jacal, ya con miras a descansar. Sin embargo ya de espaldas Mateo alcanzó a escuchar otra expresión que le pareció más bien un gruñido: “El domingo es Día de la Bandera. No se te olvide…”

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