lunes, 25 de enero de 2021

Desde la Purísima - Rubén Contreras Hernández


Hace poco más de un año, con mi gran amigo César Guzmán y este servidor nos pusimos a platicar y hacer algunos recuerdos del pasado, ese maravilloso pasado que tantos recuerdos nos dejó en la mente, unos muy agradables, unos tristes y uno que otro nada aceptable.


Pero que bueno que todo esto ya pertenece al pasado, recordamos los juegos que había en nuestra niñez y después en nuestra adolescencia, para esto retrocedimos mentalmente en nuestro tiempo 65 años, tal vez un poco más, y recordamos algunos juegos de aquellos años, y que no volverán. Empezamos con el trompo, era un juego bonito en el cuál hacíamos un círculo grande en la tierra y otro más pequeño, la entrada para cada jugador era de 5 centavos que se depositaban en el centro del círculo y teníamos que sacar las monedas con el trompo, pero el jugador que pisaba la raya del círculo grande, quedaba eliminado.

Otro juego muy popular de aquellos años era el balero, con la famosa ‘treinta y una’, la rayuela y las canicas. También nos divertíamos mucho jugando con un aro de metal que íbamos empujando con un gancho, aquí ganaba quien corriera a más velocidad, pero cuando nos tocaba siempre decíamos que nuestro aro era el más rápido para poder ganar.


Otros juegos que había eran las escondidas y los encantados, cuando jugábamos todos los niños sin maldad con mentes y pensamientos sanos.


Cuando crecimos había un juego que yo considero que era peligroso, pues consistía en formar parejas de muchachos y uno cargaba al otro en la espalda, la otra pareja hacia lo mismo y había que derribarse entre sí, perdía la pareja que cayera primero. Este juego no duró mucho ya que varios se lastimaron una pierna o un brazo y dejamos de jugarlo. Le llamábamos “caballazos”.


Seguro que a mi mente llegaron muy pocos juegos de la infancia, pero creo que con los que mencioné muchas personas los habrán de recordar con mucho gusto.


Gracias por leerme que Dios los bendiga y a toda su familia. 






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